Querida Pola
Te quiero confesar la verdad y solamente la verdad, porque a partir de hoy me dedicaré a perseguir el sol.
No está bien hacer lo que estás haciendo. Puede que ya no seas esa estúpida niña, tímida y cautelosa, llorona y desastrosa que solías ser –Porque aceptémoslo, eras un desastre con tu llanto que ni siquiera era por ti. Siempre llorando por los demás- Tus padres peleando, o tus hermanos peleando e incluso tus padres y hermanos, todo al mismo tiempo. No sé si esperabas que con tu llanto pararan de discutir a gritos. Pero igual no funcionaba. Lo hacías todo aún peor y ni te dabas cuenta.
Tenías un grave problema: eras un desastre, no solo por llorar. Porque no eras y aún tampoco eres. Tenías un gran desorden de identidad, más que de identidad de expresión. No había nadie que realmente te estuviera prestando atención y que lo hiciera por gusto, nadie con quien hablar, nadie con quién ser. Así que te lo guardaste todo esperando el momento en que todos se cansaran de pelear y pudieras respirar con tranquilidad, esperando el momento en el que pudieras ser.
Esperaste tanto que se te olvidó como ser y ya no supiste ser, porque Querida Pola, las peleas nunca acabaron y aun no acaban.
Aprendiste sin embargo a ser ligeramente para ti pero no para los demás ¿tímida? No, esperando y esperando. Aprendiste tan ligeramente que simplemente había demasiado espacio que llenar con silencios que ni siquiera eran tuyos.
Tarde o temprano las cosas llegan ¿No?
A veces demasiado tarde, ¿no crees?
Cuando te dieron la oportunidad de ser para los demás no sabías y jamás te enseñaron, se pusieron de acuerdos con las miradas en ti para discutir: ésta vez de que no eras. Pero no lo sabían, no sabían que no eras por su culpa. Y pelearon, pelearon y pelearon y no les importó enseñarte.
Sin embargo algo cambió.
Ésta vez no lloraste – no ibas a llorar más por ellos, y al parecer tampoco por ti.
Fuiste algo tan ligero y te fuiste convirtiendo en algo tan poderoso, algo tan brillante que pude ver soles en tu mirada. Una mirada que solo era para mí.
Cuando se les acabaron los temas para pelear, te quisieron enseñar a ser. Siempre puede ser muy tarde, tal vez demasiado, ya no eras para ellos, ya ni siquiera eras de ellos. Recogiste los pedazos y cargándolos en tus manos los llevaste a tu lugar, y no dejaste que se acercaran. Los pedazos de ti que pensaron que les pertecían se los quitaste, porque Querida Pola ya no eras de ellos. Ya no eras de nadie – excepto quizás de ti misma- y solo tiempo después se dieron cuenta de que no les pertenecías y ahí fueron ellos lo que lloraron.
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